Descripción de la imagen: Fotografía de una manifestación integrada principalmente por mujeres con discapacidad y personas acompañantes. Varias participantes utilizan silla de ruedas y portan carteles relacionados con igualdad, discapacidad y derechos. Al frente, una mujer se comunica mediante lengua de señas. La imagen representa la participación social, la defensa de derechos y la visibilización de las experiencias de las mujeres con discapacidad.
¿Todas las personas con discapacidad enfrentan las mismas barreras?
La respuesta es no.
La experiencia de una persona no depende exclusivamente de tener o no una discapacidad. También intervienen elementos como su género, edad, situación económica, lugar de residencia, educación y muchas otras circunstancias.
Esta manera de observar las desigualdades se relaciona con la interseccionalidad: reconocer que distintas características y condiciones pueden encontrarse y producir experiencias particulares de exclusión.
Un ejemplo claro ocurre con las mujeres con discapacidad.
Una mujer puede enfrentarse a desigualdades relacionadas con el género y, al mismo tiempo, encontrar barreras asociadas con la discapacidad. Cuando ambas situaciones coinciden, los obstáculos no necesariamente funcionan de manera independiente.
Pensemos en el ámbito laboral.
Una mujer con discapacidad podría enfrentar prejuicios relacionados con su capacidad para desempeñar determinado puesto y, simultáneamente, estereotipos asociados con el género. En consecuencia, analizar únicamente la discapacidad o únicamente el género podría impedirnos comprender completamente su experiencia.
Lo mismo puede ocurrir en ámbitos como la educación, la salud, la participación social o el acceso a la justicia.
Además, existen barreras que pueden ser menos evidentes.
Infantilizar a una mujer con discapacidad, hablar con su acompañante en lugar de dirigirse directamente a ella o asumir que otra persona debe tomar decisiones en su nombre puede afectar su autonomía, incluso cuando estas conductas se presentan como una forma de “ayuda”.
La inclusión requiere reconocer que las personas con discapacidad también tienen identidades, experiencias y contextos diversos.
No existe una única forma de ser mujer ni una única forma de vivir la discapacidad.
Por eso, las políticas, espacios y servicios incluyentes deben evitar soluciones construidas bajo la idea de que todas las personas enfrentan exactamente las mismas necesidades.
Preguntar, escuchar y permitir que las propias personas expresen qué barreras encuentran es indispensable.
La interseccionalidad nos invita precisamente a ampliar nuestra mirada.
En lugar de preguntarnos solamente “¿esta medida incluye a las personas con discapacidad?”, también podemos preguntarnos:
“¿Incluye realmente la diversidad de personas que forman parte de este grupo?”
Porque hablar de inclusión también significa reconocer que dentro de la diversidad existe todavía más diversidad.
Referencias:
Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, art. 6: Mujeres con discapacidad.
Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. (2016). Observación general núm. 3 sobre las mujeres y las niñas con discapacidad (CRPD/C/GC/3).
ONU Mujeres. (s. f.). Mujeres y niñas con discapacidad. Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres.
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