martes, 27 de octubre de 2026

Infantilización y sobreprotección: proteger no significa decidir por los demás

 

Descripción de la imagen: Ilustración de una persona menor de edad dentro de una burbuja protectora, mientras una mano adulta cubre la parte superior de la burbuja. La imagen representa la sobreprotección y cómo, aun cuando surge de una intención de cuidado, puede limitar la autonomía, la participación y la toma de decisiones de una persona.

Ayudar, cuidar y proteger son acciones que normalmente asociamos con algo positivo. Sin embargo, cuando se realizan sin tomar en cuenta la voluntad de una persona con discapacidad, también pueden convertirse en una barrera.

Una de las formas en que el capacitismo puede aparecer en la vida cotidiana es la infantilización: tratar a una persona adulta con discapacidad como si fuera una niña o un niño, asumir que necesita supervisión permanente o considerar que otras personas saben mejor que ella qué decisiones debe tomar.

Esto puede manifestarse de formas aparentemente pequeñas.

Hablarle con un tono excesivamente infantil.

Preguntarle a su acompañante en lugar de dirigirse directamente a ella.

Decidir qué actividades puede realizar sin consultarla.

Evitar que haga determinadas cosas “por su seguridad”.

O asumir que necesita permiso o ayuda para situaciones que puede manejar de manera autónoma.

En muchas ocasiones estas conductas pueden surgir desde el cariño o la preocupación. Sin embargo, una buena intención no elimina automáticamente el impacto que una acción puede tener sobre la autonomía de otra persona.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce como uno de sus principios fundamentales el respeto de la dignidad, la autonomía individual y la libertad de las personas para tomar sus propias decisiones (Naciones Unidas, 2006, art. 3).

Además, establece que las personas con discapacidad tienen capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las demás y que, cuando necesiten apoyos para tomar decisiones, estos deben respetar sus derechos, voluntad y preferencias (Naciones Unidas, 2006, art. 12).

Esto nos lleva a una diferencia importante:

apoyar no es lo mismo que sustituir.

Una persona puede necesitar apoyo para comprender determinada información, desplazarse, comunicarse o realizar alguna actividad y, al mismo tiempo, conservar plenamente su derecho a decidir qué quiere hacer.

Por ejemplo, acompañar a una persona a realizar un trámite puede ser un apoyo. Decidir por ella qué debe elegir sin preguntarle es algo distinto.

También puede existir sobreprotección cuando, por miedo a que ocurra algo, se limita innecesariamente la posibilidad de estudiar, trabajar, viajar, salir con amistades, practicar algún deporte o vivir de forma independiente.

El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ha señalado que históricamente se ha supuesto que muchas personas con discapacidad no pueden vivir de manera independiente o ejercer control sobre sus propias vidas. Precisamente por ello, el enfoque de derechos humanos busca reconocer su derecho a elegir dónde, cómo y con quién vivir, así como a participar plenamente en la comunidad (Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, 2017).

Respetar la autonomía tampoco significa negar apoyos.

Significa ofrecerlos sin borrar la voz de la persona.

Podemos empezar con preguntas sencillas:

  • “¿Qué prefieres?”

  • “¿Necesitas apoyo?”

  • “¿Cómo puedo ayudarte?”

  • “¿Quieres intentarlo por tu cuenta?”

Y también debemos estar preparados para respetar una respuesta que diga:

“No, gracias.”

La inclusión no consiste en hacer todo por una persona con discapacidad.

Consiste en crear las condiciones para que pueda decidir, participar y recibir los apoyos que ella considere necesarios.

Porque cuidar a alguien y respetar su autonomía no son ideas opuestas.

La verdadera inclusión comienza cuando dejamos de decidir por las personas y empezamos a decidir con ellas.

Referencias

Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. (2014). Observación general núm. 1 sobre el artículo 12: Igual reconocimiento como persona ante la ley (CRPD/C/GC/1).

Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. (2017). Observación general núm. 5 sobre el derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido en la comunidad (CRPD/C/GC/5).

Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, arts. 3, 12 y 19.


jueves, 22 de octubre de 2026

“Solo quería ayudar”: cuando las buenas intenciones también pueden crear barreras


Descripción de la imagen: Ilustración de un grupo de personas, entre ellas dos usuarias de silla de ruedas, transportando entre todas objetos grandes. La imagen representa la importancia de brindar apoyo de manera respetuosa y colaborativa, reconociendo la autonomía de las personas con discapacidad y evitando asumir sus necesidades sin preguntar.

Ayudar a otra persona suele considerarse algo positivo pero cuando hablamos de discapacidad, existe una diferencia importante entre ofrecer apoyo y asumir que alguien necesita ser ayudado.

Imaginemos que una persona usuaria de silla de ruedas está entrando a un edificio y alguien, sin preguntarle, comienza a empujar su silla. Quizá la intención sea ayudar.

Sin embargo, para quien utiliza la silla de ruedas, esta forma parte de su movilidad y de su espacio personal. Actuar sin consultar puede limitar momentáneamente su autonomía.

Algo parecido sucede cuando alguien toma del brazo a una persona con discapacidad visual para guiarla sin preguntarle, responde una pregunta dirigida a una persona con discapacidad intelectual o habla exclusivamente con el acompañante de una persona sorda.

Estas situaciones permiten identificar una de las formas más comunes de barreras actitudinales.

No siempre consisten en rechazar abiertamente a una persona. También pueden aparecer cuando asumimos, basándonos únicamente en la discapacidad, qué puede hacer, qué necesita o quién debe tomar decisiones por ella.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece entre sus principios generales el respeto de la dignidad inherente, la autonomía individual y la libertad de tomar las propias decisiones (Naciones Unidas, 2006, art. 3).

Por ello, una inclusión basada en derechos humanos implica reconocer que brindar apoyo no significa sustituir la voluntad de una persona.

El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad también ha advertido que persisten estereotipos y prejuicios que presentan a las personas con discapacidad como dependientes o como una carga para otras personas (Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, 2018). 

Estas ideas pueden influir en decisiones muy cotidianas.

Por ejemplo: “Mejor que no participe porque puede lastimarse”, “yo lo hago por ti porque será más rápido”, “déjame preguntarle a quien viene contigo” o “seguro necesita ayuda”.

Aunque algunas de estas frases pueden surgir desde la preocupación o la intención de facilitar una situación, comparten algo, la propia decisión se toma antes de escuchar a la persona.

Por eso, una de las prácticas más sencillas para construir espacios incluyentes es también una de las más importantes: preguntar antes de ayudar.

“¿Necesitas apoyo?”

“¿Cómo puedo ayudarte?”

“¿Prefieres hacerlo de otra manera?”

Estas preguntas reconocen que cada persona conoce sus propias necesidades y que dos personas con la misma discapacidad pueden preferir apoyos completamente diferentes.

Además, respetar la autonomía implica aceptar que la respuesta también puede ser: “No, gracias.”

La Organización Mundial de la Salud señala que las actitudes negativas y las prácticas discriminatorias continúan generando barreras para las personas con discapacidad en distintos servicios y ámbitos de participación (OMS, 2023). 

Transformar esas barreras no siempre requiere grandes modificaciones. A veces comienza con algo tan sencillo como dejar de asumir. Ayudar puede ser valioso.

Pero la ayuda verdaderamente incluyente no reemplaza la autonomía, sino que la respeta.

La próxima vez que queramos apoyar a una persona con discapacidad, quizá la primera acción no deba ser intervenir.

Puede ser simplemente preguntar: “¿Quieres que te ayude?” Y escuchar la respuesta.

Referencias

Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. (2018). Observación general núm. 6 sobre la igualdad y la no discriminación (CRPD/C/GC/6). 

Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, arts. 3, 5 y 8. 

Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2023). Discapacidad. Organización Mundial de la Salud.


martes, 20 de octubre de 2026

Capacitismo: cuando asumimos que existe una sola manera “correcta” de vivir

 

Descripción de la imagen: Ilustración de una mujer usuaria de silla de ruedas rodeada por varias manos que señalan hacia ella. La imagen representa las miradas, juicios y prejuicios sociales que pueden convertirse en barreras actitudinales y formas de capacitismo hacia las personas con discapacidad.

Cuando hablamos de inclusión, solemos pensar primero en rampas, elevadores, señalización o herramientas de accesibilidad. Sin embargo, algunas de las barreras que enfrentan las personas con discapacidad no se encuentran en los edificios ni en la tecnología.

También pueden encontrarse en la manera en que pensamos, hablamos y actuamos. Aquí aparece el concepto de capacitismo.

El capacitismo se relaciona con ideas, prácticas y estructuras que consideran determinadas capacidades físicas, sensoriales, intelectuales o mentales como la norma y que, a partir de ello, pueden colocar a las personas con discapacidad en una posición de desventaja. La Organización Mundial de la Salud reconoce que las personas con discapacidad experimentan capacitismo, estigma y discriminación en distintos ámbitos de la vida, lo que puede afectar incluso su bienestar físico y mental (OMS, 2023). 

Pero ¿cómo se ve el capacitismo en la vida cotidiana?

Puede aparecer cuando suponemos que una persona con discapacidad necesita ayuda sin preguntarle.

Cuando pensamos que alguien no podrá realizar determinado trabajo únicamente por su discapacidad.

Cuando hablamos con su acompañante en lugar de dirigirnos directamente a la persona.

O cuando presentamos actividades comunes —estudiar, trabajar, viajar, hacer deporte o vivir de manera independiente— como si fueran extraordinarias solamente porque las realiza una persona con discapacidad.

Muchas de estas acciones no necesariamente surgen de una intención de discriminar.

Precisamente por eso las barreras actitudinales pueden ser difíciles de identificar.

Durante mucho tiempo, la discapacidad fue observada principalmente desde modelos que colocaban el problema en la persona y la presentaban como alguien que necesitaba asistencia, rehabilitación o protección. El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ha advertido que estos enfoques pueden impedir que las personas con discapacidad sean reconocidas plenamente como sujetos y titulares de derechos (Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, 2018). 

El enfoque de derechos humanos propone cambiar esa mirada.

En lugar de preguntarnos únicamente qué puede o no puede hacer una persona, también debemos observar qué barreras existen en su entorno y qué prejuicios pueden estar limitando sus oportunidades.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece incluso la obligación de combatir los estereotipos, prejuicios y prácticas perjudiciales relacionados con las personas con discapacidad, así como promover el reconocimiento de sus capacidades y contribuciones (Naciones Unidas, 2006, art. 8). 

Esto nos recuerda algo importante, que el capacitismo no siempre se manifiesta mediante una prohibición directa o una expresión abiertamente discriminatoria.

También puede aparecer en una expectativa demasiado baja, una decisión tomada sin consultar, una oportunidad que nunca se ofrece o una suposición sobre lo que otra persona puede hacer.

Por eso, promover la inclusión también implica revisar nuestras propias ideas.

Antes de asumir que alguien necesita ayuda, podemos preguntar.

Antes de decidir que una persona no podrá realizar determinada actividad, podemos identificar qué condiciones necesita para participar.

Y antes de definir a alguien por su discapacidad, podemos recordar que ninguna persona se reduce a una sola característica. Eliminar barreras físicas es fundamental, pero para construir una sociedad verdaderamente incluyente también necesitamos eliminar aquellas barreras que existen en la forma en que miramos a los demás.

Referencias

Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. (2018). Observación general núm. 6 sobre la igualdad y la no discriminación (CRPD/C/GC/6).

Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, arts. 5 y 8.

Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2023). Discapacidad. Organización Mundial de la Salud. 

Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2022). Global report on health equity for persons with disabilities. World Health Organization.


jueves, 15 de octubre de 2026

Discapacidad psicosocial: cuando las barreras no siempre pueden verse

 

Descripción de la imagen: Fotografía de una niña sentada con expresión seria mientras dos personas adultas permanecen al fondo. La imagen representa cómo algunas experiencias relacionadas con la salud mental y la discapacidad psicosocial pueden no ser visibles a simple vista, así como la importancia de reconocer las barreras emocionales, sociales y actitudinales que también pueden afectar la participación y el bienestar.

Cuando pensamos en discapacidad, muchas veces imaginamos características que pueden identificarse a simple vista.

Sin embargo, no todas las discapacidades son visibles.

La discapacidad psicosocial nos permite reflexionar sobre la relación entre determinadas experiencias de salud mental y las barreras sociales, institucionales y actitudinales que pueden limitar la participación de una persona.

La Organización Mundial de la Salud utiliza el concepto de discapacidad psicosocial para destacar precisamente la interacción entre las dificultades relacionadas con la salud mental y factores como la discriminación, el estigma y la exclusión que dificultan la participación plena y en igualdad de condiciones (OMS, 2025). 

Es importante hacer una distinción: tener una condición de salud mental no significa automáticamente tener una discapacidad psicosocial.

Las experiencias son diferentes y cada persona puede identificarse de una manera distinta. Lo relevante desde una perspectiva de derechos humanos es observar si existen barreras que están limitando su autonomía, participación o acceso a oportunidades. 

Una de las principales barreras puede aparecer a través de los estereotipos.

Asumir que una persona no puede estudiar, trabajar, tomar decisiones o participar en determinadas actividades debido únicamente a una condición relacionada con su salud mental puede generar exclusión incluso antes de conocer sus capacidades o necesidades.

También pueden aparecer barreras cuando se habla por la persona, se toman decisiones en su nombre sin escucharla o se considera que necesariamente necesita ser protegida mediante la restricción de su autonomía.

La Organización Mundial de la Salud y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos han señalado la importancia de transformar los sistemas de salud mental hacia modelos centrados en la persona y basados en derechos humanos, en los que se respeten la dignidad, la autonomía y la participación de quienes reciben atención (OMS & ACNUDH, 2023). 

Esto también incluye cuestionar prácticas que excluyen a las personas de las decisiones relacionadas con su propia salud.

Tener una discapacidad o una condición de salud mental no elimina el derecho a expresar preferencias, recibir información, participar en las decisiones y ser tratado con dignidad. La OMS recuerda que una condición de salud mental nunca debería utilizarse como justificación para negar derechos o excluir a una persona de las decisiones sobre su propia atención. 

Desde una mirada interseccional, además, la experiencia puede cambiar dependiendo de otras circunstancias.

No enfrentará necesariamente las mismas barreras una joven universitaria, una persona mayor, alguien que vive en condiciones de pobreza o una persona que pertenece a una comunidad con poco acceso a servicios de salud mental.

Por eso, no podemos construir una única respuesta para todas las personas.

La inclusión comienza por reconocer algo sencillo pero fundamental: no necesitamos poder ver una discapacidad para respetar las necesidades de una persona.

También implica evitar asumir qué puede o no puede hacer alguien basándonos en un diagnóstico, una etiqueta o una percepción externa.

La discapacidad psicosocial nos invita a mirar aquellas barreras que quizá no vemos físicamente, pero que pueden estar presentes en nuestras instituciones, nuestras palabras y nuestras actitudes.

Porque algunas de las barreras más difíciles de eliminar no están frente a nosotros: están en la forma en que miramos a los demás.

Referencias

Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2021). Guidance on community mental health services: Promoting person-centred and rights-based approaches. World Health Organization. 

Organización Mundial de la Salud [OMS] & Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos [ACNUDH]. (2023). Salud mental, derechos humanos y legislación: orientación y práctica. OMS. 

Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2023). Mental health: Promoting and protecting human rights. 

Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.


martes, 13 de octubre de 2026

Discapacidad y migración: cuando desplazarse también significa enfrentar nuevas barreras

 

Descripción de la imagen: Fotografía de dos hombres desplazándose por una carretera; uno de ellos utiliza una silla de ruedas y el otro lo acompaña empujándola. La imagen representa las barreras adicionales que pueden enfrentar las personas con discapacidad durante procesos de migración o desplazamiento, especialmente en materia de movilidad, accesibilidad y acceso a apoyos.

Migrar implica comenzar de nuevo en muchos sentidos: cambiar de comunidad, adaptarse a un entorno diferente, encontrar vivienda, acceder a servicios y, en algunos casos, aprender un nuevo idioma o comprender procedimientos desconocidos.

Cuando además existe una discapacidad, estas experiencias pueden adquirir una dimensión distinta.

La interseccionalidad nos ayuda a entender precisamente esto: una persona no vive la discapacidad de manera aislada, sino en relación con otras circunstancias de su vida. La condición migratoria, el desplazamiento forzado, el idioma, la edad, el género o la situación económica pueden coincidir y generar barreras adicionales.

En situaciones de desplazamiento forzado, las personas con discapacidad pueden enfrentar mayores riesgos de discriminación, violencia y explotación, además de dificultades para acceder a servicios básicos y asistencia humanitaria (ACNUR, s. f.). 

Pensemos, por ejemplo, en una persona usuaria de silla de ruedas que debe abandonar su comunidad.

El primer obstáculo podría aparecer durante el propio traslado si el transporte no es accesible. Posteriormente, podría llegar a un albergue sin instalaciones adecuadas o encontrar dificultades para acceder a servicios médicos, información o apoyos.

Para una persona sorda, una barrera diferente podría surgir si la información sobre trámites, alojamiento o servicios únicamente se comunica oralmente.

Y para alguien con discapacidad visual, desplazarse por un lugar completamente desconocido sin información accesible puede representar otro reto.

Estas situaciones muestran que la misma experiencia —migrar o desplazarse— no afecta de la misma manera a todas las personas.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce el derecho a la libertad de desplazamiento y a elegir el lugar de residencia en igualdad de condiciones con las demás personas (Naciones Unidas, 2006, art. 18). 

Pero reconocer el derecho jurídicamente no siempre garantiza que pueda ejercerse en la práctica.

También son necesarias condiciones de accesibilidad, información comprensible, servicios adecuados y mecanismos que consideren las diferentes necesidades de las personas.

Además, la inclusión no debería consistir únicamente en identificar a las personas con discapacidad como receptoras de ayuda.

El ACNUR destaca que las personas con discapacidad tienen distintas capacidades, necesidades y formas de contribuir a sus familias y comunidades. Por ello, también deben participar en las decisiones y respuestas que les afectan.Esto cambia la manera en que entendemos el apoyo.

En lugar de preguntar solamente “¿qué necesita esta persona?”, también podemos preguntar:

“¿Qué barreras está enfrentando y cómo podemos garantizar que participe en las decisiones sobre su propia vida?”

La interseccionalidad nos recuerda que migración y discapacidad no son dos experiencias separadas cuando coinciden en una misma persona.

Analizarlas juntas permite comprender mejor sus necesidades, pero también reconocer su autonomía, sus capacidades y sus derechos.

Porque desplazarse hacia un nuevo lugar nunca debería significar dejar atrás el derecho a participar en igualdad de condiciones.


Referencias

Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados [ACNUR]. (s. f.). Persons with disabilities. United Nations High Commissioner for Refugees. 

Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados [ACNUR]. (s. f.). Strengthening protection of persons with disabilities in forced displacement.

Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, arts. 11 y 18.

Naciones Unidas. (2016). Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes.