Descripción de la imagen: Ilustración de una mujer acompañando a una persona mayor usuaria de silla de ruedas. La imagen representa cómo distintas características y circunstancias, como la edad, la discapacidad y la necesidad de apoyos, pueden coincidir en una misma persona y generar experiencias particulares de participación y acceso. Esto permite ejemplificar la importancia de la interseccionalidad al analizar las barreras que enfrenta cada persona.
Cuando hablamos de discapacidad, existe el riesgo de pensar en las personas con discapacidad como si formaran un grupo completamente homogéneo.
Pero ninguna persona puede definirse únicamente por una característica.
Una persona con discapacidad también tiene una edad, un género, una historia, una familia, una situación económica, una educación, una comunidad, intereses y experiencias propias.
Por eso, incluso dos personas con la misma discapacidad pueden necesitar apoyos diferentes y encontrar barreras completamente distintas.
Aquí está una de las aportaciones más importantes de la interseccionalidad: ayudarnos a comprender que las desigualdades no existen de manera aislada.
Pensemos, por ejemplo, en una persona mayor con discapacidad que vive sola. Sus necesidades pueden ser distintas a las de una estudiante universitaria con una discapacidad similar.
Una persona con discapacidad que vive en una zona rural puede enfrentar obstáculos diferentes a los de alguien que vive en una ciudad con infraestructura y servicios accesibles.
Asimismo, una discapacidad no visible puede generar otro tipo de barreras cuando las personas del entorno dudan de las necesidades de quien solicita un apoyo simplemente porque “no parece tener una discapacidad”.
Estas diferencias importan porque las soluciones generales no siempre responden a todas las personas.
Una medida puede ser positiva y, aun así, dejar a alguien fuera.
Por ejemplo, instalar una rampa puede mejorar significativamente la accesibilidad de un edificio, pero no elimina una barrera comunicacional para una persona sorda ni hace accesible un documento para alguien que utiliza un lector de pantalla.
Esto no significa que las medidas generales sean innecesarias.
Significa que la inclusión requiere observar quién sigue encontrando barreras incluso después de implementar esas medidas.
La interseccionalidad también nos invita a escuchar antes de asumir.
En lugar de decidir qué necesita una persona basándonos únicamente en su discapacidad, podemos preguntarle directamente cuáles son los obstáculos que encuentra y qué herramientas pueden facilitar su participación.
Este cambio parece pequeño, pero representa algo fundamental: reconocer a la persona como protagonista de las decisiones que afectan su propia vida.
Después de cuatro semanas hablando de discapacidad e interseccionalidad, podemos quedarnos con una idea:
la inclusión no puede construirse pensando en una sola experiencia como si representara a todas las personas.
Una sociedad verdaderamente incluyente reconoce diferencias, identifica desigualdades y busca soluciones que permitan participar a cada persona desde su propia realidad.
Porque reconocer la diversidad no divide.
Nos ayuda a comprender mejor qué necesitamos transformar para que nadie quede fuera.
Referencias:
Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Preámbulo y arts. 3, 5 y 9.
Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. (2014). Observación general núm. 2 sobre el artículo 9: Accesibilidad (CRPD/C/GC/2).
Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. (2018). Observación general núm. 6 sobre la igualdad y la no discriminación (CRPD/C/GC/6)