Vivimos en una era donde la información circula a una velocidad constante. Noticias que se publican en minutos, tendencias que duran horas y contenidos que se consumen sin pausa. En este contexto, la dignidad de las personas —especialmente de quienes viven con discapacidad— suele quedar atrapada entre la urgencia de informar y la presión por no quedarse atrás.
La prisa también comunica.
Cuando la comunicación incluye, la dignidad se escucha. Los medios también pueden ser espacios de diálogo real: donde todas las voces importan, las historias se cuentan con tiempo y las personas no son tema, sino protagonistas.
