Descripción de la imagen: Fotografía de una audiencia en una sala de justicia en México. Se observa a una persona usuaria de silla de ruedas, a una mujer comunicándose mediante lengua de señas, a otra persona presente en la audiencia y a una jueza al frente de la sala. La imagen representa la importancia de contar con procedimientos judiciales accesibles que permitan la participación efectiva de las personas con discapacidad.
Cuando pensamos en acceso a la justicia, normalmente imaginamos tribunales, abogados, denuncias o procedimientos legales.
Sin embargo, poder acudir ante una autoridad no significa necesariamente que una persona pueda participar realmente en un procedimiento.
¿Qué ocurre si una persona no puede comprender los documentos que recibe? ¿Si no existe un medio adecuado para comunicarse durante una audiencia? ¿O si las propias instalaciones, procedimientos o formas de comunicación se convierten en una barrera?
Para las personas con discapacidad, garantizar el acceso a la justicia también implica eliminar este tipo de obstáculos.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece que las personas con discapacidad deben tener acceso efectivo a la justicia en igualdad de condiciones, incluyendo los ajustes de procedimiento que resulten necesarios para facilitar su participación directa o indirecta en los procesos judiciales.
En México, la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad reconoce su derecho a recibir un trato digno y apropiado dentro de procedimientos administrativos y judiciales. También dispone que las instituciones de impartición de justicia deben contar, entre otros recursos, con intérpretes de Lengua de Señas Mexicana y documentos en Braille y en formato de lectura fácil.
Estas medidas pueden hacer una diferencia enorme.
Pensemos en una persona con discapacidad auditiva que debe declarar ante una autoridad. Si no cuenta con un medio adecuado para comunicarse, su derecho a participar en el procedimiento puede quedar limitado.
También puede ocurrir con una persona con discapacidad intelectual que recibe una resolución llena de términos jurídicos complejos y necesita información presentada de manera más clara y comprensible.
En estos casos, hacer accesible el procedimiento no altera las reglas de la justicia ni concede una ventaja.
Por el contrario, permite que la persona pueda entender qué está ocurriendo, expresar su voluntad, hacer valer sus derechos y participar de manera efectiva.
Esto es especialmente importante porque una persona con discapacidad puede intervenir en un procedimiento desde distintas posiciones: como víctima, testigo, parte en un juicio, persona denunciada o incluso como profesionista dentro del propio sistema de justicia.
La discapacidad nunca debería convertirse en una razón para excluir su voz.
Por ello, el acceso a la justicia no debe medirse únicamente preguntando si existe un tribunal disponible.
También debemos preguntarnos: ¿puede la persona llegar?, ¿puede comunicarse?, ¿comprende el procedimiento?, ¿puede expresar lo que piensa y tomar decisiones sobre su propio caso?
Si la respuesta a alguna de estas preguntas es negativa debido a una barrera que puede ser eliminada, el acceso a la justicia todavía no es plenamente efectivo. Una justicia verdaderamente incluyente no obliga a todas las personas a participar exactamente de la misma manera. Adapta sus procedimientos para que todas puedan ser escuchadas.
Fuentes: Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, art. 13; Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, arts. 28 a 31.