martes, 6 de octubre de 2026

Discapacidad y envejecimiento: cuando la edad también transforma la experiencia

 


Descripción de la imagen: Fotografía de una mujer mayor sentada mientras recibe apoyo de una profesional del cuidado; a un costado se observan dos sillas de ruedas. La imagen representa la relación entre envejecimiento, discapacidad y necesidad de apoyos, así como la importancia de garantizar cuidados dignos, autonomía y participación en esta etapa de la vida.

Hablar de discapacidad e interseccionalidad también implica reconocer el papel de la edad.

No es lo mismo vivir una discapacidad durante la infancia, la juventud o la vejez. Las necesidades, los apoyos, las barreras y las oportunidades pueden cambiar a lo largo de la vida.

En el caso de las personas mayores con discapacidad, pueden cruzarse distintos factores: edad, condiciones de salud, movilidad, autonomía, acceso a servicios, situación económica y redes de apoyo. La combinación de estas circunstancias puede generar experiencias particulares de exclusión que no siempre son visibles.

La Organización de las Naciones Unidas ha señalado que envejecimiento y discapacidad están estrechamente relacionados y que las personas mayores con discapacidad pueden enfrentar obstáculos adicionales derivados de estereotipos sobre la edad y la discapacidad. 

Uno de esos obstáculos aparece cuando se asume que perder autonomía o enfrentar determinadas dificultades es simplemente “normal por la edad”.

Esta idea puede hacer que ciertas necesidades pasen desapercibidas o que no se reconozcan como barreras que pueden y deben ser atendidas.

Por ejemplo, una persona mayor con discapacidad puede necesitar transporte accesible, información en formatos comprensibles, apoyos para la movilidad, atención médica adecuada o servicios que le permitan continuar viviendo en su comunidad.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce distintos derechos especialmente relevantes en este contexto, como la accesibilidad, la vida independiente, la movilidad personal y el acceso a la salud. 

Pero la inclusión no debería reducirse únicamente a brindar asistencia.

También implica respetar la autonomía de las personas mayores y reconocer que continúan teniendo derecho a tomar decisiones sobre su propia vida.

A veces, con la intención de proteger, otras personas pueden decidir por ellas: dónde deben vivir, qué actividades pueden realizar, cómo deben administrar sus recursos o qué apoyos necesitan.

Sin embargo, acompañar no significa sustituir la voluntad de una persona.

La interseccionalidad nos ayuda precisamente a comprender que una persona mayor con discapacidad no debe ser vista solamente desde la edad o desde la discapacidad.

También tiene una historia, preferencias, relaciones, proyectos y decisiones propias.

Por ello, cuando hablamos de inclusión, debemos preguntarnos no solo si una persona recibe cuidados, sino también:

¿Puede decidir? ¿Puede participar? ¿Puede mantener vínculos con su comunidad? ¿Puede acceder a los espacios y servicios que necesita?

Una sociedad incluyente reconoce que envejecer no significa dejar de participar.

Y que necesitar apoyos no elimina el derecho de una persona a conservar su autonomía, dignidad y voz.

Referencias

Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, arts. 9, 19, 20 y 25.

Naciones Unidas. (2020). Older persons with disabilities: addressing challenges to ensure inclusion and participation(CRPD/CSP/2020/3).

Naciones Unidas. (s. f.). Ageing and disability. United Nations Enable.


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